Aguila Perdicera

Adultos, partes superiores pardo oscuro e inferiores claras con moteado oscuro, debajo de las alas, oscuro con una banda negra desde el cuerpo al borde delantero. Cola con una ancha banda negra casi terminal. Patas emplumadas hasta el pie con fuertes garras. Ojos, cera y patas amarillos Los jóvenes son rojizos con estrías verticales oscuras, con dorso más oscuro. En vuelo no presenta ni la franja negra y la parte anterior clara. Su longitud oscila entre 65 y 75 cm, su peso entre 1,5 y 2,2 kg y su envergadura entre 1,50 y 1,80 m. Sus alas son largas, cola rectangular no muy larga. En vuelo se reconoce por una ancha franja diagonal en la parte inferior de las alas. El pecho está salpicado de motas oscuras muy finas. Algunos ejemplares resultan completamente blancos. Utiliza zonas de media y baja montaña, con masas forestales poco extensas. También frecuentan, riscos, arbustos y árboles diseminados. El celo y construcción del nido, lo comienzan a finales de enero, comenzando la incubación de 2 huevos a primeros de marzo con una incubación, realizada por la hembra de unos 40 días, en un nido situado en cortados rocosos, protegidos de las inclemencias meteorológicas, aunque excepcionalmente los instalan en árboles. Los pollos permanecen en el nido hasta finales de junio, alimentados por ambos padres, vuelan tras unos 70 días. Son sedentarias, solo algunos jóvenes llegan hasta África. No se les conocen hábitos carroñeros y su alimentación se constituye principalmente de urracas , cornejas, palomas, perdices y rapaces de pequeño o mediano tamaño, como pueden ser ratoneros, cernícalos o milanos. De entre los mamíferos: conejos, ratas y ratones. Puede capturar sus presas en el suelo o al iniciar el despegue, lo normal es que lo haga por sorpresa cuando dichas presas están comiendo en el suelo. También pueden prospectar las laderas a gran velocidad. Es una de las aves más irascibles y agresiva. Presenta una gran intolerancia hacia otras rapaces llegando, incluso a atacar a buitres. A partir de la década de los 80, esta especie ha experimentado una regresión muy acelerada del número de parejas en toda la Península, habiendo desaparecido entorno al 15-20%. La población española de águilas perdiceras se estima entre 679 y 775 parejas, lo que supone el 75 % de la población europea. En La Rioja, existen 3 parejas nidificantes. La causas más importante de su disminución las podemos encontrar en la alteración del medio y disminución de sus presas, la persecución directa y prácticas cinegéticas no deseables y muertes por electrocución, que para el caso de La Rioja es importante, dado el bajo número de ejemplares.
 
 
 
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