Arao (Uria aalge)

Es un ave de pequeño tamaño, unos 43 cm. de longitud y 70 cm. de envergadura, que nidifica en grandes colonias, principalmente en salientes de acantilados.

 

Su pico es puntiagudo. Las partes superiores de su cuerpo son pardo oscuro en verano, más grises en invierno; es menos común la variedad "bridada" (aves con anillo ocular blanco y línea blanca que partiendo del ojo se dirige hacia los lados de la cabeza).

No hay diferencias morfológicas entre los sexos como para poder distinguirlos a simple vista.

Los araos ibéricos podrían pertenecer a otra subespecie, U. a. ibericus, aunque es preferible incluirlos en la U. a. albionus.

 

Su hábitat son los islotes rocosos y acantilados marinos.

Ya de por sí es una especie que tiene una mortalidad elevada a causa de la depredación de huevos y polluelos por parte de las gaviotas. A ello se une la pérdida de muchos polluelos si se les molesta o son asustados durante la cría, la falta de alimentación por sobrepesca, la contaminación marina y la captura de más de un millón de araos al año para consumo humano.

La población mundial de U. a. albionus se estima en unos 9 millones de parejas. En España solamente se distribuye por Galicia, y los últimos núcleos residen en las Sisargas (3 parejas) y en los islotes del Cabo Vilano (9 parejas), ambos en La Coruña. El panorama es desolador: si la población española actual se estima entre 3 y 11 parejas, en los años sesenta la población de araos era de unas 1.000-1.500 parejas. En España, la especie se encuentra en peligro, debido al hombre (caza, pesca, vertidos de petróleo) y sobre todo al desplazamiento de algunas especies de peces; los araos, al quedarse sin el alimento que más aprecian, se marchan a otras zonas.

 

A fin de enero, los araos se reúnen cerca de los acantilados en que van a criar. Cuando hay un número suficiente, comienzan unas ceremonias en las que los grupos «danzan» en el agua. Entrelazándose y esquivándose, las aves chapotean sobre las olas; de repente, el bando entero se sumerge y la «danza» continúa bajo el agua. Los araos también toman parte en vuelos comunales de exhibición, en bandos de cientos de individuos, girando, elevándose y sumergiéndose al unísono.

Tras su llegada a las cornisas de acantilados en primavera, dejan un amplio espacio entre un ave y otra; pero las cornisas se rellenan rápidamente con aves que se empujan mutuamente, combinando sus gritos «arr» en un coro acalorado, mientras luchan por obtener un sitio para anidar.

Estas aves no construyen nido. La hembra pone en mayo o junio su único huevo, muy variable en color aunque generalmente con manchas amarillas, pardas o negras, en la roca desnuda. La forma es cónica y tiene el centro de gravedad hacia el extremo más delgado. Suele estar revestido de guano. Son medidas que evitan que puedan rodar y caer por el acantilado.

La incubación se realiza por ambos sexos y dura de 32 a 36 días. El pollo, alimentado 2 ó 3 veces al día por ambos padres, se echa al mar tras unos 16 días acompañado por sus progenitores.

 
 
 
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